
Son heridas que suelen aparecer los primeros días de la lactancia, y muchas veces son profundas, y provocan en la madre mucho dolor, sobre todo cuando el pequeño comienza a succionar, a veces impidiendo la lactancia.
Para prevenirlas es necesario conseguir que el niño desde el primer momento se agarre bien al seno y succione correctamente en los primeros días, sin que tome más alimento de un seno que del otro, ya que a veces se producen en un solo pecho y a veces en ambos. Para ello es necesario no ofrecerle en primera instancia ni el chupete ni el biberón, y de ser necesario tener que alimentarlo sin el pecho es mejor hacerlo con una jeringa o una cucharita, para asegurarnos que consume bien la leche materna.