
Recuerdo la primera vez que me tocó instalar un asiento de seguridad infantil en el auto. Claro que la labor que realizaba junto con mi marido era una llena de toda la ilusión de una primeriza, soñando con el momento en que mi bebito llegara al mundo e imaginándomelo en su asientito anidado con cariño camino a casa del hospital. Por otro lado, también recuerdo los nervios que sentía siguiendo al pie de la letra las instrucciones del fabricante para asegurarme de que, en efecto, mi nuevo tesoro viajase seguro.